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    Marcela García | Opinión

    Los inmigrantes que ‘entregan’ su día

    Jessica Rinaldi/Globe Staff

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    Cuando un grupo de empleados del Boston Globe llegó a un centro de distribución en Newton para ayudar a repartir periódicos el fin de semana pasado, naturalmente otros medios de comunicación estaban ahí para entrevistarnos. Los mismos periodistas repartiendo su propio producto – eso es noticia. Pero detrás de las cámaras, y trabajando hombro con hombro con nosotros mientras ensamblábamos y metíamos periódicos en bolsas, estaba la gente que trabaja ahí cada noche, recibiendo un pago que equivale a un poco más del salario mínimo. Esa también es noticia, pero rara vez se reporta. El Globe y otros periódicos son entregados por una fuerza laboral compuesta en su mayoría por inmigrantes — las mismas personas que, por lo general, cuidan y mantienen jardines, lavan platos en restaurantes, y limpian oficinas en las noches.

    Mientras el Globe se esfuerza en corregir sus problemas de distribución, el diario depende más que nunca de poder encontrar trabajadores confiables. Generalmente son inmigrantes de Guatemala, Brasil, o Haití, quienes por lo regular tienen dos (o hasta tres) trabajos. Empiezan su día laboral a las 2 de la madrugada organizando y embolsando cientos de periódicos a una velocidad impresionante. Parte del trasfondo de la crisis que el Globe ha venido enfrentando la última semana es que nuestro nuevo proveedor de distribución no ha podido encontrar suficientes repartidores dispuestos y capaces de realizar la extenuante labor.

    Cuando regresé al almacén de distribución la madrugada del martes, un supervisor de habla hispana me dijo, refiriéndose a los repartidores: “Estos muchachos comienzan su día con este trabajo y después se van al siguiente, que casi siempre es jardinería o construcción.” Lo observé hablar un poco de portugués cuando saludó a un brasilero que estaba a punto de partir a Weston a hacer sus entregas. “Apenas acabe se va para su segundo trabajo en una planta manufacturera en Marlborough.”

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    Tal como ya se ha reportado, algunos de los repartidores decidieron no quedarse con el nuevo distribuidor, ACI Media Group, debido a lo desordenadas que estaban las nuevas rutas de entrega. La secuencia y las instrucciones de la mayoría de los trayectos estaban todas revueltas y desorganizadas, lo cual significó que muchos de los repartidores se estaban tardando el doble de tiempo en entregar un mismo número de periódicos. Más trabajo por el mismo salario. Así que muchos simplemente no regresaron.

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    Y quienes sí continuaron se dieron cuenta que los problemas con la entrega de miles de ejemplares la semana pasada pueden crear situaciones desagradables. Un repartidor, a quien llamaré “Roberto” porque no quiso usar su verdadero nombre, me dijo en español: “A un señor yo le dije, ‘yo soy su nuevo repartidor de periódico, por favor perdone la hora, es que somos nuevos.’ Y nomás me gruñó.”

    Con 9 grados de temperatura afuera, Roberto alistaba su segunda carga de la jornada. Tiene 35 años y es originario de Guatemala, donde se encuentran sus tres hijos y su esposa. Reside en Waltham y ha estado repartiendo el Globe en Needham por dos años.

    “La compañía, los dueños, deberían ser conscientes y valorar el esfuerzo de los que se quedaron y los que siempre han estado,” me dice Roberto. “Dicen que solo los animales hacen este trabajo. Nadie más. Mi primo me dice, ‘usted está loco.’ La mano me duele todos los días. Pero, ¿con quién nos quejamos nosotros? ¿A quién le decimos?”

    Roberto dice que repartía 200 periódicos con el antiguo distribuidor, Publishers Circulation Fulfillment Inc., y lo hacía en dos horas. Ahora entrega 450 iniciando a la 1 de la mañana y termina siete horas después. “Toda esta gente que tú ves aquí son nuevos,” me dice, señalando a algunos 15 repartidores. “Vienen a probar por uno o dos días pero luego ya no regresan.”

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    El martes, el Globe volvió a contratar a PCF para dividir la distribución junto con ACI. PCF resumirá la entrega de periódicos el lunes. A lo que se va normalizando la distribución del Globe, los subscriptores volverán a recibir sus diarios con regularidad y la fuerza laboral se estabilizará. Y nosotros seguiremos cosechando los frutos de la mano de obra barata de Roberto y el resto de los repartidores. Como son contratistas independientes, ellos no reciben seguro médico u otros beneficios, pero seguirán entregando el Globe en cientos de casas y depués partirán a su segundo o tercer trabajo.

    Le pregunté a Roberto qué tal hablaba inglés y me dijo que más o menos. Entonces le pregunté si de pronto lee el Boston Globe. Levantó la cabeza y me miró como si estuviera loca. Y luego nada más se rió.

    Marcela García escribe editoriales para el Globe. Usted puede seguirla en Twitter: @marcela_elisa