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Para una empleada de supermercado, una vida llena de felicidad y arduo trabajo, arrebatada por el coronavirus

Escapó de la pobreza en Guatemala y trajo alegría a muchos. Pero la semana pasada se convirtió en la primera empleada de supermercado en el estado en sucumbir al coronavirus.

Vitalina Williams es la primera trabajadora de supermercado en Massachusetts que muere por el coronavirus.David Williams

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En más de una manera, Vitalina Williams personifica la historia típica de un inmigrante.

Ella creció pobre en una región indígena Maya en Guatemala, fue la quinta de 10 hermanos, y ayudó a su madre a criar sus hermanos más pequeños. Cuando tenía alrededor de 18 años, dejó su pueblo y se mudó a la capital, regresando una vez al mes con ropa y zapatos para su familia. Aproximadamente 15 años después, emigró a los Estados Unidos con la idea de trabajar por algunos años para después volver a su tierra.

Pero en 1998, caminando hacia la estación del tren en Salem, conoció a un muchacho. Ella lo atrajo con su carácter cálido y generoso, dijo él. Los dos encajaban perfectamente, hasta en su gusto particular por los brownies de chocolate: a ella le gustaban las orillas crujientes y a él el relleno suave.

Se casaron y compraron una casa de dos apartamentos cerca del mar. Ellos trabajaban duro: Él mantenía los estantes surtidos en el Market Basket de Danvers, y ella operaba cajas registradoras en el Market Basket de Salem y revisaba los recibos de los clientes en la puerta de salida del Walmart en Lynn, trabajando de 60 a 70 horas a la semana. Pero llevaban una buena vida. Ella cultivaba plantas de tomate y orquídeas. Su esposo la adoraba. El dinero era escaso y el trabajo arduo, pero eran felices.

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En eso llegó la pandemia del coronavirus. Y de repente, se llevó a Vitalina.

Los empleados de supermercados y almacenes de comida han sido distinguidos como héroes en medio de esta crisis, pero mucho antes de que entraran en nuestra consciencia colectiva arriesgando sus vidas para alimentar a las masas, Vitalina y muchos otros como ella se esforzaban trabajando en el anonimato, yendo de un turno a otro y batallando para que su salario les alcanzara en esta economía que, al parecer, no valora el servicio que proveen. Pero Vitalina tuvo suerte al haber encontrado trabajo estable que le permitió ahorrar el dinero suficiente para comprar una casa.

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Vitalina Williams, de 50 años de edad, falleció el 4 de abril después de haber pasado una semana conectada a un respirador artificial en un hospital de Salem. Su esposo por 19 años, David Williams, a quien no se le ha hecho la prueba del coronavirus y no ha desarrollado síntomas, está en cuarentena en su casa. Debido a la naturaleza maligna del virus, no pudo hablar ni estar con su esposa, una mujer vivaz a quien él le gustaba describir como alguien que se sujetaba a la vida “con un abrazo de oso”, y viceversa. Así que al final, como ha sido el caso con tantas víctimas de este virus tan terrible, Vitalina murió sola.

Al parecer, Vitalina es la primera empleada de un supermercado en Massachusetts en sucumbir al COVID-19, el cual se ha llevado las vidas de casi 600 residentes del estado. Varios empleados de supermercado han fallecido recientemente a través del país, incluyendo dos en un Walmart cerca de Chicago.

Esos niveles seguramente van a subir. Los supermercados y almacenes de comida, presionados por el estado, han empezado a implementar medidas estrictas para mantener seguros a sus empleados y clientes – limitando el número de personas dentro de una tienda, suministrando tapabocas a los empleados, instalando barreras de plexiglás en las cajas registradoras — pero muchos trabajadores ya habían estado expuestos previamente. Otros dos empleados del Market Basket en Salem donde Vitalina trabajaba dieron positivo al virus.

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David Williams con la fotografía de su boda con Vitalina Williams.Jonathan Wiggs/Globe Staff

David supo desde el primer momento que vio a Vitalina cerca de la estación del tren en Salem mientras montaba su bicicleta, hasta regresando para volver a verla, que “no iba a dejarla ir”.

Ella era una de esas personas que siempre estaba contenta, dijo él, fascinada incluso. Ella era indocumentada cuando se conocieron, dijo David, pero obtuvo su residencia legal después de casarse y posteriormente su ciudadanía.

David y Vitalina querían tener hijos, pero no estaba en su destino. Y ellos lo aceptaron. Vitalina era una católica devota y sentía que eso era parte del plan de Dios.

Les gustaba cocinar juntos y a veces se llevaban sillas plegables al Salem Willows Park para disfrutar conciertos en las tardes.

“Era muy obvio que estaban muy enamorados”, dijo Helen Freeman, la hermana de David, de Peabody.

Visualmente, eran una pareja llamativa, dijo Freeman. Vitalina tenía pelo negro lustroso, era de tez morena y pequeña — su licencia describe su estatura como “4 pies y 11 pulgadas, pero creo que no llegaba a esa altura”, dijo David — mientras que él mide 6 pies y 2 pulgadas, y tiene la piel blanca pálida y mucho menos pelo.

No tenían muchos ahorros, pero tenían la casa y el ingreso extra de la renta del apartamento en el primer piso. “Como mis padres decían, esta casa es nuestro retiro”, dijo David.

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Jonathan Lederman conoció por primera vez a Vitalina cuando trabajaba para sus padres en Marblehead hace algunos años. Pero no solo era su empleada doméstica. La mamá de Lederman asistió a la boda de Vitalina; cuando sus papás fallecieron, David y Vitalina asistieron al rito judío de ellos.

Ocasionalmente, Lederman se encontraba a Vitalina en Walmart. “Siempre portaba una enorme sonrisa y me decía, ‘¿Necesitas encontrar algo? Yo encantada de ayudarte’”, dijo él. “Ella era increíblemente generosa. Y yo creo que ella era así con toda la gente que ella encontraba”.

En Market Basket, ella era una de las primeras personas en llegar al trabajo, esperando en el parqueadero en medio de la oscuridad a que llegaran los managers a las 6 am para que la dejaran entrar. A pesar de su estatura pequeña, Vitalina tenía “la personalidad de una persona de 7 pies de altura: muy fuerte y muy extrovertida, y no temía enfrentarse a nada”, dijo David Webber, un ex manager de la tienda.

Nunca se reportó enferma y siempre estaba de buen humor, dijo Kellie Garon, quien fue la supervisora directa de Vitalina por cuatro años. “Siempre estaba ahí, sonriendo”.

Los parientes de Vitalina en Guatemala, en el municipio de Tecpán, están emocionalmente conmocionados sin asimilar lo que causó su muerte, dijo su hermano, Romeo Jiatz, de 47 años y quien fuera elegido al concejo municipal de Tecpán recientemente.

Vitalina Williams con su esposo David y su hermano Romeo Jiatz en la confirmación de su ahijada en Guatemala.David Williams

Sin Vitalina presente para traducir, ellos se han comunicado con David a través de correos electrónicos y usando Google para traducir e intercambiar información, a veces no muy eficazmente, sobre la condición de Vitalina, la cual se deterioró rápidamente.

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Cuando eran pequeños, el padre de ellos iba y venía de la casa, y su madre trabajaba todo el día. Así que Vitalina era la encargada de cuidar a Jiatz. “Fue como mi segunda madre”, dijo Jiatz en una entrevista con la voz entrecortada por las lágrimas. Ella ayudó a mantener a la familia unida, a pesar de la distancia, enviando dinero y paquetes, y juntando a los hermanos cada vez que ella iba a visitarlos a Tecpán. Cuando su madre estaba en condición crítica hace algunos años, Vitalina sacó $10,000 dólares en efectivo de su tarjeta de crédito para ayudar a pagar dos cirugías para ella.

“Ella siempre nos apoyaba”, dijo Jiatz. “Vitalina siempre, hasta los últimos años, estuvo al pendiente de mi”.

La última vez que Jiatz vio a su hermana fue en enero cuando asistió en Tecpán a su toma de posesión en el concejo municipal. En esa ocasión, Vitalina le regaló una computadora nueva a uno de sus ahijados. En Guatemala, dijo Jiatz, donde la desigualdad entre hombres y mujeres es notoria, ella fue un modelo a seguir para la familia porque “nos demostró que alguien puede luchar para superarse sin importar si eres hombre, mujer, o indígena. . . Ella se volvió un icono para nosotros”. Vitalina quería superarse y tener mejor vida económicamente, y ella veía a los Estados Unidos como un país de muchas oportunidades para todos, dijo Jiatz.

La última vez que Jiatz habló con su hermana, tres o cuatro días antes de que entrara al hospital, él le dijo que tuviera mucho cuidado. Aunque no ha habido casos de COVID-19 en Tecpán, hay algunos en Patzún, el municipio de al lado, así que se decidió cerrar las ocho entradas a Tecpán, dijo Jiatz. Nadie está entrando, dijo.

“Yo siempre le decía, ‘Vitalina, yo siento que trabajas mucho, ¿por qué trabajas tanto?’”, dijo Jiatz. “Y ella me contestaba, ‘Mira Romeo, después de tanta pobreza que vivimos y sin buenos empleos, yo siento que tengo la oportunidad de trabajar aquí y no la voy a desperdiciar’”.

Cuando la pandemia empezó a empeorar en Massachusetts, Freeman se preocupó por su hermano y cuñada, sabiendo que se estaban poniendo en riesgo diariamente. Vitalina siempre había tenido buena salud, pero a Freeman le preocupaba David, quien tiene una condición cardíaca.

“Es un sentimiento terrible tener tantas dificultades financieras” que no puedes dejar de ir a trabajar a pesar de los riesgos, según dijo ella.

A Lederman, cuyos padres emplearon a Vitalina como trabajadora doméstica hace años, le han impresionado las desigualdades que la pandemia ha expuesto. La mayoría de las personas que ganan buenos ingresos pueden trabajar desde casa a salvo del virus. Pero los empleados de servicio como Vitalina han perdido sus trabajos o han sido obligados a laborar bajo circunstancias peligrosas, para las cuales nunca se apuntaron. “Esto ha tenido un impacto muy asimétrico en la gente”, él dijo.

David, por su parte, no culpa a las compañías o a la situación en la que él y su esposa estaban. Así es la vida, dijo él. Estas cosas pasan y, entre más abajo estés, más duro te toca.

Una vez que la crisis haya pasado, David planea llevar las cenizas de Vitalina a Guatemala con su familia. Allá es típico enterrar el cuerpo de un fallecido en un cementerio donde sus seres queridos visitan su tumba varias veces al año en ocasiones especiales, como el cumpleaños o aniversario de muerte.

“Aquí hay algo especial con la madre tierra, pues ella nos da de comer y beber”, dijo Jiatz. “Depositar el cuerpo en la tierra es regresar al origen”.

Jeremy C. Fox, corresponsal del Globe, colaboró con este reporte. Traducido por Marcela García.


Katie Johnston can be reached at katie.johnston@globe.com. Follow her on Twitter @ktkjohnston. Marcela García is a Globe columnist. She can be reached at marcela.garcia@globe.com. Follow her on Twitter @marcela_elisa and on Instagram @marcela_elisa.