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El viaje al trabajo se duplica para un conserje tras el cierre de la Línea Naranja

El largo viaje al trabajo de un conserje se duplica con el cierre de la Línea Naranja
Juan Peña es uno de los miles de pasajeros de la MBTA que están durmiendo menos y pasando más tiempo lejos de sus familias por el cierre de la Línea Naranja. (undefined, Kate Selig, Taylor Dolven)

Translated from English by Andrea Patiño Contreras and Taylor Dolven of the Globe staff and Globe correspondent Kate Selig.

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Al amanecer, Juan Peña se echó la mochila al hombro, le dio un beso de despedida a su esposa, y salió por la puerta principal de su apartamento en Malden.

Peña, de 57 años, pasó junto a hileras de casas sin luz mientras caminaba por las calles. Los autos pasaban a toda velocidad, sus faros iluminando la niebla de la mañana. Eran poco más de las 5:30 de la mañana, y la caminata a la parada de autobús marcó el primer tramo del viaje de Peña a su trabajo como conserje en Back Bay. Un viaje que se duplicó en duración desde el viernes pasado, cuando la Línea Naranja cerró durante 30 días por reparaciones.

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Antes, Peña podía llegar al trabajo en tan solo 45 minutos. El primer día de la semana del cierre, pasó dos horas entre el autobús, el servicio de transporte alternativo, y la Línea Verde, cubriendo una distancia que hubiese tomado menos de 20 minutos en automóvil sin tráfico. El resto de la semana, su viaje tomó entre una hora y media y dos horas.

“Es estresante, pero no tengo otra opción”, dijo.

Juan Peña camina hacia su parada de autobús.Craig F. Walker/Globe Staff

Peña se encuentra entre los miles de trabajadores cuyas vidas diarias se han visto alteradas por el cierre durante un mes de la Línea Naranja, que va desde la estación de Oak Grove en Malden hasta la estación de Forest Hills en Jamaica Plain, y sirve como la principal conexión de tránsito rápido para Chinatown, Roxbury, y algunos suburbios interiores con grandes comunidades de color. Es un salvavidas para muchos trabajadores de Boston que no tienen la opción de trabajar desde casa. Tienen que estar en el trabajo o correr el riesgo de perderlo. Y tienen que llegar a tiempo aunque la T no lo esté. Peña es uno de ellos.

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La MBTA está tratando de mejorar la seguridad haciendo reparaciones necesarias en sus vías. Pero, incluso después de las correcciones, el sistema se verá afectado por la escasez de personal. La reducción del servicio de la Línea Naranja que la T hizo en junio, sumada a la reducción de servicio de las líneas Roja y Azul, han prolongado significativamente los tiempos de espera entre trenes y están programadas para durar hasta el otoño. El servicio de autobús se reducirá aún más a partir del 28 de agosto.

Para Peña, el cierre significa levantarse a las 4:30 a.m. en lugar de a las 6:00 a.m. Significa también pasar menos tiempo con su esposa enferma y el agotamiento creciente de navegar múltiples transferencias en el camino hacia un largo día de trabajo físico.

A Peña le preocupa que el viaje diario se vuelva aún más arduo cuando comiencen las clases, y el tráfico de otoño se intensifique.

“No me lo quiero imaginar”, dijo.

Manejar no es una opción para Peña. Tiene glaucoma, e incluso si pudiera obtener su licencia, duda que pueda pagar por un auto. Usar un servicio de transporte privado como Lyft o Uber, no es una opción. Peña dice que gana un poco más de $21 por hora.

“Renta, biles, y comida”, dijo. “El salario que se está ganando ahora no da para uno salir adelante”.

Cuando el autobús 104 llegó a la intersección, Peña se subió, encontró un asiento y puso su mochila contra su pecho, junto al parche con su nombre en su uniforme azul abotonado. La bolsa con estampado de camuflaje fue un regalo de uno de sus hijastros.

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Peña se enorgullece al hablar de ellos, a quienes ha criado junto con su esposa: un hijastro que se unió a la Guardia Nacional, otro que se unió a la Marina, y una hijastra que se graduó de la Universidad de Massachusetts Amherst.

Peña emigró a los Estados Unidos desde El Salvador hace unos 30 años. Estados Unidos, dijo, parecía un país de sueños.

Pero, añadió, “Nunca me imaginé quedarme mi vida trabajando de limpieza”.

Juan Peña llega a Malden Center, donde se trasladará de un autobús a un transbordador de la Línea Naranja.Craig F. Walker/Globe Staff

Alrededor de las 6 de la mañana y después de viajar 10 paradas hasta Malden Center, Peña se subió a uno de los autobúses que ofrecen servicio alternativo mientras la Línea Naranja está cerrada. Las luces del interior se atenuaron cuando se sentó, pero a pesar de haber dormido solo tres horas la noche anterior, Peña dijo no poder quedarse dormido.

En cambio, miró las noticias en su teléfono. Cuando su atención se desvió, pensó en los problemas que enfrenta su familia, incluyendo la salud de su esposa y sus finanzas.

Su esposa, Alba Arango, 58, tiene un dolor de pierna que está empeorando. A Peña le preocupa que el tiempo adicional de viaje signifique no estar cerca cuando lo necesite para ayudarla con la cena o recoger sus medicinas en la farmacia.

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“Ahora es cuando ella más necesita de que yo comparta tiempo con ella, que yo esté pendiente a ella, que yo vea cómo ella puede ir pasando sus dolores mientras los doctores deciden qué van a hacer”, dijo. “Y ese tiempo no lo tengo”.

Cuando el sol salió en el horizonte, el autobús cruzó el río Mystic y pasó por los apartamentos de lujo en Assembly Square. También por debajo de una cartelera del MBTA que decía: “Next stop: Opportunity” — “Próxima parada: Oportunidad”, en español.

Peña desembarcó del autobús en Government Center a las 7 menos cuarto. Los trenes chirriaron y los altavoces superiores murmuraron anuncios mientras esperaba un tren de la Línea Verde.

Juan Peña estudia un mapa en un tren de la Línea Verde.Craig F. Walker/Globe Staff

El cierre es “un dolor de cabeza”, dijo Peña.

Añadió también que espera que las reparaciones durante el cierre resuelvan algunos de los problemas con la MBTA. Pero tiene dudas.

“Hace 15 años, y yo estoy viendo tantos problemas”, dijo. “Si seguimos así, en un tiempo no muy lejano, esto va a ser un desastre”.

Peña tomó el tren a Arlington y se unió a la multitud que salía de la estación. Caminó hasta el edificio que limpia en 200 Berkeley Street, donde pasaría el día moviendo sillas y mesas hasta que llegará el momento de su largo viaje de regreso a casa.

Cuando llegó a las 7 de la mañana, trabajadores con ropa de negocios entraban al edificio. Peña saludó a otro conserje con un uniforme azul que barría afuera y desapareció en el vestíbulo alfombrado.

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Juan Peña llega a trabajar.Craig F. Walker/Globe Staff

Kate Selig was a Globe intern in 2022. Follow her on Twitter @kate_selig. Taylor Dolven can be reached at taylor.dolven@globe.com. Follow her on Twitter @taydolven.